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Promoción de Lectura

           

fondocuentos

Objetivos de la promoción de lectura

  • Realizar actividades culturales en el campo de las Bellas Artes, específicamente de la Literatura.
  • Contribuir a fomentar el hábito de la lectura así como promover y desarrollar actividades y acciones en diversos sectores de la población, relacionadas con lo anterior.  
  • Agrupar a las personas que se dediquen a la formación de lectores autónomos y propiciar la profesionalización y reconocimiento de las mismas.
  • Realizar  las  actividades  necesarias  o convenientes a fin de lograr que la lectura sea una actividad permanente de integración, comunicación, conocimiento,  recreación y aprendizaje en hogares, escuelas, bibliotecas, centros culturales y comunitarios, así como contribuir a la formación de lectores libres y críticos, capaces de acercarse de forma autónoma a la literatura.
  • Investigar y alentar el ejercicio de la lectura como hecho social y colaborar en programas y planes que tengan este objetivo, a través de la vinculación con instituciones y grupos afines.

Leer. ¿Qué es leer? Una obligación y un requisito para el aparato escolar. El instrumento fundamental para el aprendizaje. Un acto fortuito y, de acuerdo con sus promotores, virtuoso y por lo mismo afortunado.

En todo caso, la lectura constituye un enigma social dado que, al mismo tiempo que se reconoce su valor para el desarrollo del individuo y el enriquecimiento de la cultura, la llamada “industria del entretenimiento” pone en juego mecanismos  burdos, pero eficaces, que inhiben su práctica.

 Si alguna vez nos enseñaron a leer es muy posible que aprendamos a dejar de hacerlo, porque si el acto lector se alimenta y se afina con la curiosidad, también tiende a diluirse con la indiferencia.

La lectura es un concepto complejo, con elementos y variables que se entreveran, a veces de manera fugaz, otras, de forma permanente. La rodean tradiciones culturales, atmósferas sociales, espacios como el hogar y la escuela, y la involucran conductas, hábitos e incluso, prejuicios.

Sin embargo, más allá de la complejidad de la lectura como fenómeno, se impone la apremiante tarea qye completa y da sentido a la enseñanza de la lecto-escritura: la formación de lectores.

Una labor que, si bien no se encuentra desatendida, en pocas oportunidades se documenta, lo que se traduce en unir las piezas de ese rompecabezas hecho de reflexiones, experiencias, nuevos conceptos, propuestas e intuiciones en torno a la actividad que podría perfilar de mejor manera nuestra humanidad: leer para ejercer nuestro derecho a saber

 

¿Quién promociona la lectura?

Teresa Colomer

 Este artículo proviene de la conferencia pronunciada en el I Encuentro de Promotores de la Lectura, celebrado en el marco de la XVII Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México, 2003)

 En los últimos años hemos asistido a una gran extensión de las actividades de animación o promoción de la lectura. A veces estas actividades se realizan en conexión con el trabajo de las escuelas y las bibliotecas, y otras, fuera de ellas. Normalmente implican el concurso de otras instituciones y son realizadas por nuevos tipos de agentes que, como en el caso del I Encuentro de Promotores de la Lectura celebrado en el marco de la XVII Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México), empiezan a plantearse la “profesionalización” de estas actuaciones. Estas páginas se proponen reflexionar sobre la tensión entre los polos de “enseñar” y “promocionar” la lectura, que se halla en la base del debate abierto. Para hacerlo, parece conveniente enmarcar la discusión actual en la evolución que han seguido ambas funciones en las sociedades occidentales. La historia de esta tensión se inició, claro está, con el invento de la escritura.

 

 1. El invento de la lectura y sus ventajas

 Hablar de promoción de la lectura implica pensar que dominar el lenguaje escrito es algo importante en nuestro mundo actual. Asistimos a tantos discursos sobre las inefables bondades de la lectura, que me gustaría comenzar por recordar que la lectura es —ni más ni menos— un invento de la humanidad que se ha mostrado enormemente productivo. Los seres humanos somos animales un tanto desvalidos físicamente, pero ya que somos capaces de pensar y hablar, no cesamos de idear prótesis que alivien nuestra situación de desventaja, que nos permitan ser más rápidos, cargar más peso, ver más lejos, trasladarnos por el aire, sumergirnos en el agua o soportar temperaturas extremas.

 Una de nuestras prótesis ha sido buscar un sistema que “congelara” el lenguaje y nos permitiera tratarlo como un objeto: llevarlo a otro lugar, mostrarlo a otras personas o verlo cuantas veces queramos para poder gozar o pensar sobre él detenidamente.

 

¿Qué significa que eso ha resultado muy productivo? Veámoslo por un momento en un campo diferente: el invento de la notación musical. Mientras la música no pudo escribirse, los músicos tuvieron que destinar la mayor parte de sus energías a memorizar las piezas del repertorio con la única ayuda de su propio oído. Dada la limitación de la memoria humana, el patrimonio musical oral fue inevitablemente reducido. Además, ello dejaba muy poco espacio mental para la creación, ya que debía hacerse siempre a partir de una combinación circunscrita a los pocos elementos de que el músico disponía en su recuerdo individual. Entonces, el lenguaje musical resultaba simple: nadie, por ejemplo, podría recordar con todo detalle la Novena Sinfonía de Beethoven para poder interpretarla, o bien eso costaría tanto esfuerzo que no merecería la pena componer una obra de este tipo.

 

Fue así que el uso de la notación dinamizó y aceleró radicalmente la evolución de la música en las sociedades que la adoptaron. Hizo posible almacenar un número más elevado de melodías, convirtiendo las partituras en una memoria colectiva. Ello favoreció la creación de estructuras más complejas y éstas, a su vez, pudieron repercutir más ampliamente en el nuevo repertorio que se iba creando. Ahora bien, cabe resaltar que ningún sistema de notación musical es capaz de reproducir la gama sonora, ni de la voz humana, ni de los instrumentos musicales, así que los músicos optaron por acoplar sus facultades a aquello que puede ser transmitido por escrito. Por ello se fueron marginando y abandonando formas más próximas a la tradición oral, de modo que notación y música reproducida fueron estableciendo una correspondencia cada vez más próxima.

 De una forma parecida, la lengua escrita permitió la existencia de una memoria colectiva, una comunicación mayor al no estar limitada a la presencia física de los interlocutores, un nivel más profundo de análisis, reflexión y abstracción del lenguaje, al favorecer el pensamiento detenido sobre el propio enunciado, y la creación de un registro estandarizado de lenguaje que facilita la comunicación de grandes colectividades. Desde la perspectiva social, la escritura hizo posible un crecimiento del saber que dio lugar, ni más ni menos, que al desarrollo científico y cultural de nuestro mundo. Desde la perspectiva individual, y dado que nuestra inteligencia es lingüística, el escrito resulta un método tan potente de representación simbólica que favorece el desarrollo de procesos psicológicos superiores y el dominio de formas abstractas del lenguaje. Ésas son sus virtudes y por eso nos interesa.

 Recientemente se han inventado otras “prótesis” que permiten conservar el lenguaje oral o visualizar la situación completa de comunicación como si la distancia entre los hablantes no existiera. Algunos de estos inventos pueden realizar parte de las funciones de la lengua escrita. Por ejemplo, a través de los audiovisuales podemos acceder a historias y mundos de ficción o ampliar nuestro conocimiento pasivo del lenguaje oyendo formas estandarizadas orales que no utilizamos en nuestro entorno. Oral y escrito se mueven ahora como un continuo y se interrelacionan en la mayoría de las situaciones comunicativas. Está por ver si la evolución de alguno de los nuevos inventos o la colaboración combinada del escrito y las pantallas, resultarán más eficaces que la lectura y escritura tradicional. Sin duda ya parecen serlo para determinados tipos de escritos informativos, por ejemplo. Pero lo que sabemos por ahora es que son precisamente los mejores lectores los que resultan también más hábiles en dominar y usar las nuevas tecnologías para la consecución de sus fines.

Para leer el artículo completo visite el siguiente enlace: objetivos-de-la-promocion-de-lectura

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